A los 7 años, Kathleen fue separada de sus padres por malos tratos. A los 15 no tenía hogar. Ahora, a los 19, va camino de la universidad.
Tras crecer en un hogar marcado por el abandono y los malos tratos, Kathleen ingresó en el sistema de acogida y pasó de una familia a otra. Se mudó con un pariente lejano, que la obligó a abandonar la casa cuando Kathleen sólo tenía 15 años, dejándola sin un lugar adonde ir.
Pero Kathleen no se rindió. Dormía en los sofás de sus amigos y seguía matriculada en el instituto: una existencia frágil, pero mejor que una vida en la calle.
Un trabajador de Caridades Católicas de la Diócesis de St. Cloud se reunió con Kathleen y le presentó la Casa de la Juventud, un programa que le ofrecía un lugar estable donde alojarse durante su estancia en el instituto. Por primera vez en cuatro años, tenía un lugar al que llamar hogar. No tardó en hacer amigos y en graduarse con matrícula de honor.
Ahora, Kathleen va camino de la universidad en otoño y está deseando cruzar el escenario en la graduación, muy lejos de cruzar una calle solitaria sin ningún lugar al que llamar hogar. Después de toda una vida de vagabundeo, Kathleen está en el camino seguro hacia un futuro brillante.