Cuando la inundación de diciembre de 2015 sumergió el condado de Jefferson, la casa de la familia "M" sufrió daños importantes. La madre, el padre y los dos hijos evacuaron, pero volvieron a vivir en la casa porque no tenían familiares ni vecinos que pudieran alojarlos. El estrés de vivir en condiciones tan difíciles les pasó una factura salvaje: Papá, a los 30 años, cayó muerto de un aneurisma cerebral seis meses después. Mamá no podía mantener a los niños con los ingresos de su trabajo a tiempo parcial en una panadería, y estaba demasiado afligida y conmocionada para seguir adelante con el proceso de recuperación. Los chicos se hundieron en la depresión, y uno de ellos le dijo a un profesor que quería una pistola para la Navidad de 2016 para poder "ir al cielo y volver a ver a mi padre." Los gestores de casos de Caridades Católicas de San Luis se convirtieron en el salvavidas de la familia. Además de evaluar los daños en la casa y conseguir fondos para las reparaciones, los gestores de casos ayudaron a mamá a atender todos los detalles que habían surgido tras la muerte de su marido y también la ayudaron a aceptar que sus hijos necesitaban terapia profesional. La vida nunca volverá a ser "normal" para esta familia, pero ahora que los chicos están recibiendo terapia y su casa está siendo reparada, hay esperanza de nuevo para el futuro.