La Navidad no siempre es ponche de huevo y tarta de frutas. Por ejemplo, María pudo caer en la tentación del desánimo cuando, siguiendo el mandato de Dios y consintiendo en dar a luz a Jesús, se encontró con el rechazo: José, su esposo, decidió divorciarse de ella (aunque, como sabemos, más tarde respondió con fe). ¿Y quién sabe qué más sufrió María por parte de los aldeanos, de cuyas reacciones no hay constancia, pero que quizá dudaron de ella e incluso la despreciaron por decir que estaba embarazada del Espíritu Santo? Lo que sí sabemos es la respuesta de María. Vivió por la fe. Siguió meditando la Palabra de Dios. Siguió amando, incluso cuidando de su prima Isabel.
Vivir por la fe no eximió a María de las dificultades de la vida. Tuvo que huir de quienes querían hacer daño a su hijo; tuvo que tolerar la incomprensión del mundo; y tuvo que presenciar la cruel muerte de su hijo. Pero la esperanza que se despertó en ella cuando el niño Jesús estaba vivo en su vientre continuó sosteniendo su fe en el plan salvífico de Dios durante toda su vida.
Al ministerio de Caridades Católicas le mueve hoy la misma esperanza, la esperanza que entró en el mundo el día de Navidad y sigue inspirando esperanza en Dios y expulsando el desaliento mediante la obra de caridad.
Que usted y su familia disfruten de una Navidad bendecida y se sientan inspirados por el don de Cristo para vivir la fe de manera más vibrante, llenos de esperanza por la vida en el cielo, incluso mientras anticipamos esa bendición aquí y ahora.