Miércoles de la tercera semana de Adviento de 2022
Dependiendo de la misa a la que asistamos hoy, escucharemos las lecturas del miércoles de la tercera semana de Adviento o la memoria de San Juan de la Cruz. Me centraré en la primera en esta reflexión, ya que las lecturas de Adviento continúan con el tema de la espera de la llegada de Jesús, aunque hoy con un pequeño giro. Es un giro que San Juan de la Cruz habría apreciado.
Hasta ahora, cualquiera que haya seguido el ciclo diario de lecturas de la Misa de Adviento se habrá encontrado varias veces con Juan el Bautista. Juan repite una y otra vez que el Señor viene. Pero en el evangelio de hoy, Juan el Bautista se sorprende al oír cómo se da a conocer Jesús. Juan sigue oyendo cosas que no se corresponden con sus expectativas. ¿Es Jesús realmente el Mesías? ¿Dónde están los fuegos artificiales? Así que Juan, que está en la cárcel (Lc 3,19-20; Mt 11,2), pide a sus discípulos que pregunten a Jesús: "¿Eres realmente "el que ha de venir"?".
Jesús desafía las expectativas de la gente, antes y ahora. Juan el Bautista, sentado en la cárcel, se preguntaba si defender a Jesús había sido en vano. Juan pensaba que Israel recuperaría su gloria gracias a un profeta del linaje de Elías, que destruía a los enemigos de Yahvé mediante el fuego. Jesús, sin embargo, dejó claro con sus enseñanzas, predicaciones y curaciones que su fuego era purificador. Él restauraría la seguridad y la paz en los corazones de todos los hombres y mujeres ofreciendo el perdón de los pecados y una nueva vida en Él. Sus buenas obras en la Tierra no significaban la liberación de todo sufrimiento aquí y ahora, sino la liberación para la salvación en el cielo.
San Juan de la Cruz recibió el mensaje alto y claro. Mientras trabajaba en la Tierra para acelerar el advenimiento del reino de Dios en su plenitud, fue encarcelado. ¿Su delito? Intentar restablecer el buen orden entre los carmelitas para que estuvieran mejor preparados para el cielo. Los sufrimientos de Juan, sin embargo, no le impidieron continuar su esfuerzo, pues todo lo que hacemos en y con Cristo participa de la victoria de Cristo.
Jesús nos reta a mirar más allá de nuestras expectativas y a poner nuestra mente en Él: a mirarle, escucharle y actuar en consecuencia. De este modo imitamos el modo de actuar de Jesús con el Padre. Jesús siempre tuvo en cuenta la voluntad del Padre antes que cualquier otra cosa, incluidos sus propios sentimientos y preferencias, y confió en el plan de salvación del Padre.
Básicamente, es lo que Jesús le dice a Juan el Bautista: bienaventurado el que no se ofenda conmigo, porque de ellos es el reino de los cielos.
David Werning es director de política social de Caridades Católicas de Estados Unidos.