En ti me refugio
La división y el miedo parecen estar por todas partes en estos días. Nuestra política está plagada de ellos, al igual que el panorama mundial. Los indicadores económicos reflejan el pánico y la volatilidad mientras luchamos por responder a un mundo incierto.
¿Cómo debemos responder? ¿Debemos adoptar una estrategia aislacionista o arriesgarnos a abrirnos a las necesidades de los demás? ¿Nos ofrece alguna sugerencia la Escritura?
Las lecturas bíblicas de hoy indican que la división y el miedo siempre han estado presentes entre nosotros. La maldición de Babel —la historia bíblica en la que Dios responde a la arrogancia humana manteniéndonos divididos— parece ser parte de la condición humana con la que debemos convivir. Y es desalentador pensar que incluso los ministerios de Jesús y del profeta Jeremías se encontraron con desacuerdos y discusiones. Ambos se enfrentaron a grupos que conspiraban contra ellos. Terminamos las lecturas de hoy con la triste conclusión de que “cada uno se fue a su casa».
Lo primero que pensé al leer estos pasajes fue: “Bueno, eso no ayuda mucho”. Si Jesús y los profetas no pueden unir a las personas, ¿qué esperanza nos queda? Pero es en ese momento cuando destaca el salmo responsorial: “Oh Señor, Dios mío, en ti me refugio”. La historia de Babel nos recuerda que, en nuestra arrogancia, tenemos una necesidad profundamente arraigada de controlar nuestro destino y nuestro entorno social. El hecho es que, por muy altruistas que sean nuestros conscientes, no somos capaces de reconciliar a la humanidad con Dios. Solo Dios puede hacerlo.
Jesús y Jeremías sufrieron persecución porque desafiaron a los poderes establecidos. Ambos sabían que su misión no sería bien recibida. El ejemplo que nos dejan es tener fe en que Dios vindica a quienes son fieles a su misión de difundir el amor de Dios y servir a los necesitados.
John González es director de Relaciones Parroquiales y Comunitarias de Caridades Católicas de Brooklyn y Queens.